Sueño de una Guerra Eterna
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ar Master sintió una oleada de emoción cuando la sombra se proyectó sobre Sigt. La habitación estaba casi a oscuras y los muros que la cruzaban no dejaban comprobar lo grande que era, pero él, desde la sala de vigilancia en lo alto del muro podía contemplarla tan grande como era.
La cosa acechante se elevó sobre sus largas patas, mientras su cuerpo con forma de araña alienígena segregaba unas feromonas paralizantes propias de la raza depredadora que la crió. Poco a poco la criatura se acercó a Sigt, ……… lentamente. El joven era valiente y War Master estuvo tentado de avisarle pues nadie se merecía una muerte como esa. La Creian ya empezaba a segregar los jugos gástricos que desharían la carne del guerrero en cuestión de segundos.
Cuando ya casi estaba encima de él, oculta entre las sombras, varias ráfagas de fuego real surgieron tras los muros, la Creian rugió de dolor mientras una tras otra, las trazadoras marcaban los lugares de impacto en su carne negra.
- Son buenos, War Master – dijo una voz a su espalda.
- Sí, Comandante Sin, han utilizado al cadete Sigt para tenderle una emboscada a ese engendro, pero han arriesgado su vida – contestó.
- No seas duro con ellos, todos arriesgamos nuestra vida en cada momento, al menos podemos elegir hacerlo con valor. Ve con ellos, haz tu trabajo.
- Sí, comandante – Dijo War Master cuadrándose y abandonando la sala de observación con una sonrisa en los labios.
Una vez abajo, se encontró con su grupo de cadetes celebrando lo que ellos creían una gran victoria.
- Chicos – dijo – no creáis que hoy habéis ganado la guerra. Este pequeño bebé que habéis matado sólo era un ejemplo de los miles de horrores que os aguardan ahí fuera. Cuando salgáis de aquí vais a enfrentaros a la realidad. Un pequeño monstruito arácnido no es nada comparado con lo que veréis si sobrevivís al adiestramiento. Los Creian son feos, pero nada comparados con el Mal que contemplarán vuestros ojos. Dejadme que os cuente una historia.
War Master dejó que los recuerdos aflorasen a su mente, recuerdos de una vida lejana, ya pasada, una vida de dolor y aventuras.
“ Yo era joven, tendría unos veinte años, acababa de licenciarme en la Academia de Marines Estelares de la IV Flota de Disemination, mi planeta natal. Así, con cientos de compañeros me vi envuelto en una pesadilla de la que pocos escapamos con vida.
Nada sabíamos de lo que nos esperaba, de hecho pocos de nosotros habíamos visto combates reales. Recibimos una transmisión de una de las colonias exteriores, Van-Asik. Se estaban enfrentado a una pequeña fuerza enemiga desconocida. Esa pequeña fuerza estaba compuesta por cerca de diez guerreros con armaduras estelares. Después de infiltrarse y destruir las plataformas militares de defensa hicieron un descenso en caída libre sobre el planeta.
Sobrevivieron, y entonces empezó la matanza. Cuando llegamos la mayor parte del planeta estaba arrasada. Ni los tanques, ni los cazas, ni un bombardeo orbital habían podido detenerles. Millones habían muerto y millones más morirían si no se les detenía. Y eso hicimos.
Nos costó cien mil marines, cada uno armado con una armadura pesada, lo último en tecnología y un rifle de plasma. Estuvimos a punto de perder y creo que lo único que les detuvo fue el respeto que parecían sentir por el valor.
Tras semanas de luchas y emboscadas conseguimos matar a uno y capturar a otro. El prisionero se identificó como un Randar de los Tajj. Los Tajj….. criaturas de leyenda que utilizamos para asustar a los niños. Ahora esa palabra nos asusta a nosotros. Porque los Tajj existen.
Varias semanas después conseguimos cazar a otro y después a un segundo. Otro murió en un accidente cuando intentaba derribar una torre de vigilancia con sus manos desnudas. La torre estaba sobre un depósito de ácidos industriales y la bestia cayó en su interior. Cuando creíamos haber terminado con ella el tanque explotó bañando a mis compañeros de ácido. Yo sobreviví de milagro.
Docenas de balas encajó el cab….. incluso un mago de guerra le lanzó encima una docena de rayos. Pero al final, sólo el impacto de un proyectil de fusión de un carro de combate le detuvo.
Sin embargo, lo conseguimos, con esas bajas el enemigo se retiró, dejando atrás un planeta devastado por un pelotón de criaturas y una Legión diezmada.
En treinta años sólo nos han vuelto a atacar dos veces, pero cada una de ellas traían más fuerzas y se acercaban más al corazón de nuestra civilización. Las leyendas dicen que los Tajj huyen de un enemigo más peligroso y mortífero. Y aunque esto nos puede parecer difícil, yo me pregunto, ¿qué otras leyendas son ciertas?”
War Master abrió los ojos y vio como todos los alumnos estaban en silencio. Pobres – pensó – ni siquiera ahora habéis vislumbrado los peligros que nos amenazan.
Lo que quería que vieseis, chicos, – dijo en voz alta – es que a pesar de todas nuestras victorias estamos lejos de ganar la guerra por la supervivencia, de hecho, lo que nuestro Imperio necesita son héroes, pero héroes de verdad de los que hacen que sus hazañas sean recordadas para siempre. Porque si no, todos nuestros seres queridos morirán o serán enviados como esclavos a los planetas natales de nuestros enemigos. Son ellos o nosotros. Vosotros decidís, tenéis fuerza, tendréis armas y yo me encargaré de que tengáis los conocimientos de combate que necesitáis, pero sólo vosotros podéis poner el ingrediente que falta, el valor.
Después de esta charla de descanso os toca trabajar de verdad. Vamos a las piscinas de Claws a pescar unos pequeñines para la cena, con un simple cuchillo….. Corred, antes de que os ponga un trabajo duro de verdad.
Mientras, el pelotón se dirigía a la carrera a las Piscinas artificiales donde les esperaban los dentados Claws, War Master sonrió. Este grupo sería el mejor de los que había preparado hasta ahora, es posible que muchos sobreviviesen a los años de lucha. Si era así, sería tanto por sus enseñanzas como por el valor que demostraban.
Fuese como fuese la Guerra iba a durar mucho y en todo momento se necesitaban guerreros en los confines de las galaxias.
Y si necesitaban buenos guerreros, él los iba a entrenar.
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